La suerte de los irlandeses

kiss_me_im_irishEl Día de San Patricio llega pronto, y aunque se suele decir que es un día en que todo el mundo es irlandés, típicamente no se asocia a los irlandeses con España. Sin embargo, hay una fuerte conexión entre Irlanda y España a lo largo de sus historias paralelas, comenzando son sus orígenes celtas comunes, y siguiendo hasta el presente. En esta entrada voy a explorar un poco esta historia compartida, en preparación para un trabajo más largo que estoy preparando sobre las mujeres hispano-irlandesas en la época ilustrada de España.

España e Irlanda comparten las mismas raíces en la cultura celta. Los celtas poblaron el norte de España (Galicia, Asturias, hasta partes de País Basco) antes de la llegada de los romanos alrededor del siglo VI antes de Cristo (“Celtiberians”).p2_castro_santa_tecla_a_guarda_t3600170.jpg_369272544 Hoy vemos el legado de su cultura no solo en sus abandonados “castros”, sino en algunas tradiciones todavía muy vivas como la música de estas regiones (en la que figura prominentemente la “gaita”, un tipo de bagpipe)
270px-Gaiteiros_em_romaria_galega
 y en algunas tradiciones 220px-Harrijasotzailecuriosas como el levantamiento de piedras en el País Vasco (una tradición que también sigue vivo en los varios “highland games” celebradas en Estados Unidos).  El interés actual en temas celtas e irlandeses en España se observa, claro, en el internet. Haciendo una búsqueda google encontré esto sitios interesantes—Celitibera.net sobre la cultura celta; y Hispano-irish.es, sobre las conexiones históricas y modernas entre Irlanda y el mundo hispano (inclusive los lazos irlandeses con Latinoamérica).

Pero fue en el siglo XVII, tras la pérdida del rey católico Jacobo Estuardo, cuando los irlandeses comenzaron a emigrar a España, algunos huyendo la persecución religiosa, pero también buscando la prosperidad económica (Bolufer). Los irlandeses llegaron a España durante el próximo siglo, estableciéndose en ciudades porteñas—Gijón en el norte, Cádiz y Málaga en el sur—donde desarrollaron su economía mercantil, y en la capital de Madrid, donde se juntaron con el ejército español y hasta ocuparon puestos oficiales en la corte borbónica (Villar). Encontraron en su nuevo país una cultura católica que los aceptaba, y que les ofrecía unas oportunidades económicas enormes. Algunos de los nombres más influyentes del siglo XVIII son los de Ward, Trenor, Joyes y Blake, Hore, Ley, Fleming, O’Donnell, y O’Donojú.  Yo estoy actualmente investigando el impacto de algunas escritoras hispano-irlandesas: las poetas María Gertrudis Hore y Margarita Hickey, la escritora Inés Joyes y Blake, y la intelectual (y escritora) Frasquita Larrea y Aherán. Todas ellas—de familias adineradas e influyentes, pero no aristocráticas–formaron parte de un pequeño pero creciente grupo de escritoras que establecieron la dirección del feminismo en España.  Os dejo con un poema de María Gertudis Hore, mujer casada que renunció su matrimonio misteriosamente (y hay mucha especulación sobre lo que provocó este acto) y se hizo monja. Este poema, “La ensalada” es una bonita celebración de la amistad femenina:

Anacreóntica “La ensalada”

María Gertrudis Hore

Diario de Madrid  21 mayo 1795: 577-8.

            De riñas y cuestiones

ardiendo está la Aldea,

todas hablan a un tiempo,

y no hay quién las comprenda.

            Unas zagalas gritan

por sus propias querellas,

y otras enardecidas

disputan las ajenas.

            Al mayoral aturden,

los Zagales se aterran,

y yo a mi hogar me acojo

huyendo la refriega.

            Niña, de la cabaña

cierra pronto la puerta,

y porque no la empujen

arrímala una piedra.

            Y en tanto que ellas rabian

traeme tu, Filena,

con agua serenada

la talla portuguesa.

            Tiende ese mantelillo,

que de limpio blanquea,

aquí en la tierra y luego

de rosquillas lo llena.

            Pon también la ensalada

aliñada y compuesta,

con la blanca cebolla

y la borraja fresca.

            El rubí del tomate

y la esmeralda bella,

del pimentillo dulce

y hojitas de pimienta.

            Del ámbar del pepino

que nada escasa venga,

y el orégano ostente

fragante competencia.

            Parte ese verde globo,

su corazón nos muestra

muy rojo y matizado

con las pepitas negras.

            Ea vamos, muchachas,

arrimaos apriesa,

que se pasa la tarde

que la noche se acerca.

            Y mientras que las otras

necedades alternan,

comamos y bebamos

en paz nuestra merienda.

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Bibliografía

Bolufer Peruga, Monica. Trénor: La Exposición de una gran familia burguesa. Centro Cultural La Nau, Universitat de València, 2009, págs. 165-198.

“Celtiberians” Wikipedia. Consultado 27 febrero, 2014.

Lewis, Elizabeth Franklin. Enlightenment Politics and Catholic Charity in Spain: Bernardo Ward’s Obra pia (1750) and Proyecto económico (1762).” 1650-1850: Ideas, Aesthetics and Inquiry in the Early Modern Era. Vol 19 (2012): 295-312

—. Women Writers of the Spanish Enlightenment: The Pursuit of Happiness. Aldershot, Hants, England and Burlington, Vt.: Ashgate Publishers, 2004.

Morand, Frédérique. Una poetisa en busca de libertad:Maria Gertrudis Hore y Ley. Cádiz: Diputación de Cádiz, 2007.

Villar García,  María Begoña. La emigración irlandesa en el siglo XVIII, (Málaga: Universidad de Málaga, 2000).

 

Por el amor de la patria

AmericaEl otro día vi una pegatina en el parachoques de un coche “America Love It or Leave It”—un lema que se oía mucho durante la guerra en Vietnam en los años 70, pero que ya no es tan común. La pegatina me hizo pensar en una amiga mía. Es la persona más patriótica que conozco. Ama este país con todo su ser, lo defiende ardientemente contra cualquier crítica, y jamás querría dejarlo.  Pero  mi amiga no es estadounidense. No es ciudadana, ni siquiera una residente permanente, ni tampoco “ilegal”, sino que está viviendo bajo lo que se denomina un “estado aplazado” (deferred status), lo cual significa que vive en un constante estado de inseguridad, teniendo que solicitar cada dos años otro aplazamiento.  Para mi, el caso mi amiga es representativo de los problemas con nuestras leyes de inmigración, y también apunta unos problemas que sufren muchos de los pobres en nuestro país, sean inmigrantes o no.

Hace unos diez años mi amiga vino a Estados Unidos con su marido, y 3 hijas pequeñas de su país natal de Uruguay. En Uruguay no vivían bien, y para ellos vivir en los Estados Unidos les daba la oportunidad de hacer una vida mejor para su familia. Llegaron bajo un visado de turista y nunca volvieron. Su esposo trabajaba en una casa para ancianos como enfermero, y ella se quedaba en casa con las niñas. Un cuarto hijo nació aquí poco después. Yo la conocí por primera vez en la escuela de nuestras hijas mayores. La educación para mi amiga siempre ha sido uno de sus valores más altos, y ha querido que sus hijos logren algo mejor que ella pudo. Todo iba bien hasta hace 5 años cuando su marido se enfermó de cáncer. Claro que no tenían seguros médicos, y cuando descubrieron su leucemia, la enfermedad ya era muy avanzada. Mi amiga intentó ingresar a su marido en unas pruebas científicas para recibir tratamiento gratis, pero después de meses de lucha, se murió trágicamente. Mi amiga ahora tenía que criar a 4 hijos sola, buscar trabajo para sostenerlos, y preocuparse por su estado legal. Consiguió trabajo (trabajos mejor dicho) con las escuelas públicas como traductora, trabajadora en la cafetería, y monitora en los autobuses para los alumnos. Con la ayuda de sus amigos en la comunidad, logró su “estado aplazado” del INS, lo cual significaba que no tendrían que dividir la familia, ni tampoco que sus hijas, que no recordaban Uruguay ni tampoco hablaban español, tendrían que dejar el único hogar que conocían. Pero el precio de esta “seguridad” (muy incierta), era que cada dos años tenían que pagar miles de dólares en tarifas a la oficina de Inmigración y lo peor era que mi amiga no podía trabajar (o mejor dicho no podía ganar dinero de su trabajo, porque siguió trabajando sin pago) durante el período que esperaba su respuesta. Si no fuera por el Salvation Army, muchos buenos amigos, el almacén de comida de nuestra iglesia (a la que asiste también mi amiga), y la testaruda determinación y eterno optimismo de mi amiga, no sé qué les habría pasado.

Hace un poco más de 2 años mi amiga  empezó a salir con un hombre americano que conoció por un amigo mutuo. Este señor tenía un hijo pequeño (de 2 años) y se mostraba muy cariñoso y sensible con mi amiga y sus hijos.  Les parecía a los dos que juntos podrían confrontar mejor sus desafíos económicos, familiares y legales. Se casaron pronto (demasiado pronto, creo yo)  pero no fue como mi amiga imaginaba.  Este señor le ocultaba varios problemas de mi amiga (¿no es esto siempre el caso?), incluyendo su adicción a Vicodin.   Unos meses después de casarse fue arrestado por posesión de esta droga sin  receta médica válida. No fue su primera infracción, así que tuvo que pasar 3 meses en la cárcel.  Su tiempo lejos de la familia fue difícil para él, para su joven hijo, y para mi amiga y sus propios hijos.  Después de salir, el esposo estuvo sin trabajo por otros 6 meses, y tuvo que superar su adicción como parte de su “parole” y para su propio bien. Durante todo esto, la segunda hija adolescente de mi amiga intentó suicidarse dos veces, y tuvo que pasar un mes en el manicomio estatal en Staunton.  La hija mayor dejó la casa justo antes de graduarse de la escuela secundaria para vivir con su mentor de high school y escaparse (mi interpretación) de la pobreza y el drama de su casa. Pero por fin parecía que las cosas se arreglaban. El nuevo esposo encontró trabajo y estaba contribuyendo otra vez positivamente a  la vida de la familia. Planeaban entregar los papeles para la residencia permanente para mi amiga y sus hijas (el hijo es ciudadano ya).  Pero no. El esposo fue acusado de otro crimen, esta vez de fraude al gobierno por mentir sobre sus ingresos verdaderos para poder recibir cupones para alimentos. Esto ocurrió justo antes de conocer a mi amiga, y cuando todavía padecía de su adicción. Aunque no es justo lo que hizo, me parece aun más injusto ponerlo de nuevo en la cárcel, hacerle perder su trabajo, tal vez perder el progreso que ha hecho con su adicción, destrozar la vida de su hijo biológico, y las vidas de mi amiga y sus hijos. No obstante, mi amiga es muy fuerte y dura, y no se rinde fácilmente. Admiro su persistencia, su fe, su optimismo. Pero me cuesta entender a veces como puede seguir amando tanto este país, que no la ha amado mucho a ella.

Haciendo “humanidades digitales” con mis alumnos

Ésta es la historia de mi trabajo con mis alumnos en un proyecto digital, y lo que he aprendido de mi experiencia. Claro que trabajar con alumnos apenas comenzando en su desarrollo intelectual y todavía formándose en cuanto a sus habilidades de investigación y de comunicación, tiene sus desafíos. Pero también hay muchos beneficios no solo para ellos, sino también para mí.

Alumnos-investigadores

Desde la primavera de 2011 he llevado a cabo un proyecto de investigación con tres grupos de alumnos sub-graduados de la Universidad de Mary Washington, una institución pública de artes liberales en el estado de Virginia (Estados Unidos).  Los miembros de mis tres “equipos de investigación” eran jóvenes en sus primeros dos años de estudios universitarios, todos (con una excepción) especializados en lengua y literatura españolas y todos con un nivel lingüístico en el español de intermedio (pero aproximándose al nivel avanzado). Sus profesores los habían identificado como talentosos y trabajadores.  Mi universidad ha tenido desde hace algunos años un curso designado para “undergraduate research” con la idea de involucrar a los alumnos en los proyectos de investigación de un profesor. Yo quise incluirlos en mi trabajo sobre la caridad y las mujeres, eventualmente creando con ellos una exhibición digital sobre el tema, construida a base de la plataforma WordPress.  La exhibición, que estrenaremos para mayo de 2014, traza la evolución de la caridad femenina en España, ejemplificada en textos facsímiles, imágenes, video, y dos bases de datos compilados por los alumnos.

 

El proyecto

La colección digital presenta textos e imágenes de autores y artistas tales como Gaspar Melchor de Jovellanos, Francisco Goya, María Rosa Gálvez y María Cepeda de la época ilustrada; Concepción Arenal y su revista La Voz de la Caridad, y la publicación La Ilustración Española Americana del siglo XIX;  y de las primeras décadas del siglo XX la republicana Victoria Kent, la publicación de la Asociación Nacional de las Mujeres Españolas Mundo femenino, y las publicaciones de la Sección Femenina de la Falange Y  y Medina. Todos, tanto los progresistas como los reaccionarios, evocan la caridad femenina en busca de roles sociales y políticos activos para la mujer, los cuales servían para avanzar su visión de una España mejor.  Enlaces al catálogo de una exhibición no-digital Cien años en femenino (2012), y a un documental de RTVE Paisajes de la Historia (2006) sobre la Sección Femenina, proveen una perspectiva moderna.

El trabajo técnico

Tenemos textos digitalizados coleccionados de Google Books e insertados en nuestro sitio, al igual que textos que escaneamos y subimos a Google Docs para poder insertar en WordPress también. Las imágenes que usamos vienen de varias colecciones digitales públicas, y conseguir los permisos necesarios para estos objetos ha sido uno de nuestros retos principales. Las bases de datos sobre dos revistas—La Voz de la Caridad y Medina—son creaciones originales de los alumnos. Ninguna de las publicaciones está digitalizada, ni existen índices de los contenidos, así que nuestras colecciones (interrogables por autor, género, etiquetas, palabras claves, y fecha de publicación) proveen acceso a información detallada sobre los contenidos de estas dos revistas importantes. Tanto para los objetos digitales como para las bases de datos, hemos identificado metadatos adoptados de Dublin Core. Todos los elementos de la exhibición van acompañados de breves ensayos introductorios escritos por los alumnos, explicando el contexto histórico y su importancia al tema de la caridad.

 

Algunos problemas

Tuvimos que confrontar varias dificultades en nuestro trabajo. Algunos problemas tenían que ver con la falta de experiencia de los alumnos. Necesitaban instrucción en todo: no sabían mucho sobre las épocas y los autores/artistas estudiados, no conocían los recursos bibliográficos, ni tampoco estaban familiares con el uso de WordPress. Hubo problemas técnicos con la colección de la información, la creación de las bases de datos y su presentación en WordPress.  El tercer problema fue que los alumnos jóvenes de este nivel no se quedan mucho tiempo, y tuvimos que volver a empezar con un nuevo grupo cada dos semestres. Sin embargo, para todos estos desafíos, hubo soluciones. Usé el mismo proyecto y sitio web para instruir a los alumnos. Les asigné temas para investigar, textos que leer, y bibliografía que buscar con el propósito de crear un informe al estilo enciclopédico para nuestro sitio. Estos informes escribieron como entradas—blog posts—en WordPress, así aprendiendo a usar esta plataforma. Mientras íbamos creando más y más contenido, había cada vez más contenido para instruir a nuevos grupos de alumnos. La solución a los problemas con la compilación de las bases de datos, y luego con su despliegue en WordPress, fue un proceso de aprendizaje para todos—de “ensayo y error”–que hicimos como grupo con la guía de nuestra oficina de tecnología, DTLT. La inestabilidad del trabajo con alumnos jóvenes desafortunadamente no tiene solución, y requiere la selección de proyectos bien definidos y tareas fijas, en las que razonablemente pueden participar durante el corto tiempo que tienen.

 

Muchos beneficios

A pesar de estas dificultades, trabajar con mis alumnos en este proyecto me ha apuntado una nueva dimensión a mi trabajo. Me sorprendió que estudiantes tan jóvenes pudieran no solo entender el contenido del proyecto (que incluía unos textos y contextos viejos y desconocidos para ellos), sino que tuvieran la capacidad de contribuir positivamente a mi trabajo. Sin ellos, habría sido imposible coleccionar toda la información que tenemos en el sitio, especialmente en las bases de datos. Sus opiniones sobre el contenido y diseño del sitio eras muy valiosas, muchas veces precisamente porque no sabían mucho sobre el tema. Por ejemplo, me di cuenta en un momento que no había contextualizado la información sobre la Sección Femenina de la Falange bien, cuando algunos alumnos las llamaban “feministas,” lo cual me hizo pensar en la relación que tiene este grupo con el feminismo, y me apuntó donde necesito aclarar la información que presentamos en el sitio. Más que nada, interactuar con mis alumnos de esta manera más “íntima”—como guía, sí, pero también como otro compañero que trabaja con ellos, no solo que les hace trabajar—ha sido muy alentador.

Women and Charity

 

Un dominio propio

Todos tenemos una identidad digital, lo queramos o no. Las revelaciones escandalosas recientes de Edward Snowden nos confirmaron que desde nuestras comunicaciones diarias, hasta nuestras transacciones financieras, nosotros y nuestros metadatos son todos identificables, y que muchas entidades—desde las agencias gubernamentales como la NSA, las compañías privadas como Facebook o Google, y “hackers” de todo el mundo—están coleccionando toneladas de información sobre nosotros. Pero no tiene que ser una organización sofisticada que nos descubra información confidencial (o por lo menos vergonzosa).  Un ex novio, un futuro empleador, o incluso tu madre pueden encontrar mucha información tuya, haciendo una simple búsqueda Google.  Si no lo has hecho antes, debes buscar tu nombre en Google. Lo que salga representa tu identidad digital para el mundo.

Por eso, la Division of Teaching and Learning Technologies (DTLT) de la Universidad de Mary ha creado el programa “Domain of One’s Own” (Un Dominio Propio). Bajo este programa los alumnos y profesores de la universidad pueden conseguir (gratis) un dominio web donde puedan desarrollar su presencia electrónica y comenzar a controlar su identidad en la red. El “programa piloto” comenzó en 2013, con un grupo pequeño de estudiantes y profesores, y se ha extendido este año a todos los alumnos en su primer año de estudios y a más profesores, con la intención de seguir extendiendo acceso al programa a todos los miembros de la universidad.  Los dominios han sido sitios de exploración personal o creativa, lugares donde se puede mantener un portafolio de su trabajo y su curriculum actualizado, y espacios que les ayudan a los participantes a tener una presencia profesional y positiva en la red electrónica mundial. Un alumno que ha participado en el programa piloto ha hablado de la importancia de tener su propio sitio web para la formación de su identidad digital: “One of the most important things I have done is creating my own website, my own space where I can form a digital identity by putting whatever I want in it, whenever I want, and however I want.”

Mary Washington no es la única ni la primera universidad que les está proveyendo este servicio a sus estudiantes, ni tampoco es “A Domain of One’s Own” su primer intento a animar a los miembros de la comunidad universitaria a crear su propio contenido electrónico. Hace más de 5 años comenzaron el programa de UMWblogs que les ofrece a los profesores y alumnos la posibilidad de crear una gran variedad de proyectos a base de la plataforma abierta WordPress. Sin embargo, el programa de Mary Washington ha sido reconocido por innovador y ambicioso (Chronicle of Higher Education, Wired). Tener “un dominio propio” (nombre que su creador, Jim Groom, seleccionó en homenaje a Virginia Woolf y su libro A Room of One’s Own), es un paso más hacia una conciencia de ser participante no solo en las actividades dentro de la universidad, sino de verse como parte de algo más grande.  Este proceso comienza con la selección de un nombre para el dominio, la cual les hace considerar, para algunos por la primera vez, lo que quieren que sea su identidad para el mundo de la web.

Esto es lo que hice yo hace un año con un grupo de mis colegas en la primera iniciativa del profesorado.  Nos reuníamos durante 6 semanas para conversar sobre estos asuntos, usando el libro de Martin Weller, The Digital Scholar, como punto de partida. A la misma vez aprendimos a crear y desarrollar nuestro nuevo dominio.  Para mí es un proceso que todavía sigue, pero creo que me ha ayudado a ver mi identidad electrónica como… mía. Ya no es algo temeroso o fuera de mi control. Mi identidad es mía, pero la tengo que cultivar—tal vez un poco como el jardín de Toledo (España) que escogí para la portada del sitio principal de mi dominio: elizabethfranklinlewis.net.

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