El siglo 18 @ el 21 ASECS Cleveland 2013

Abajo hay una versión de la intervención que he preparado para la mesa redonda “Enriching Ibero-Amercan Studies in Times of Austerty” en la reunión de la American Society for Eighteenth-Century Studies, Cleveland, el 5 de abril de 2013.

 El Siglo 18 @ el 21: Inseguridades, desafíos y oportunidades

 Nosotros, como investigadores y profesores del siglo 21, estamos presentados con las oportunidades y los desafíos de un mundo cada vez más globalizado, más interconectado, pero con cada vez menos fondos para el avance del conocimiento, especialmente en las humanidades.  En mi breve intervención hoy, quiero demostrar algunos puntos de contacto entre nuestra edad y la de nuestros queridos hombres y mujeres ilustrados.  Luego, voy a examinar algunos cambios tecnológicos en las bibliotecas y colecciones digitales, y cómo nos han afectado (por bien y por mal) en los estudios iberoamericanos, y por último quisiera sugerir un camino hacia más cooperación y más colaboración en el futuro.

En una sesión  sobre las humanidades digitales en la reunión de ASECS en Vancouver en 2011, comparé los “avances” de nuestra época tecnológica a los del dieciocho. Por ejemplo, ¿no es fácil ver a Jovellanos, con su gran correspondencia y su frecuente publicación de artículos de prensa, como bloguista?

Jovellanos bloguista

¿Habría participado Feijoo en Wikipedia?

Feijoo wikipedia

¿O Goya, con sus enigmáticos caprichos en los que juega con la imagen y la palabra, en Twitter, donde en 140 caracteres podría inspirarnos a cuestionar nuestra sociedad moderna?

Goya Twitter

Tal vez estas asociaciones entre nuestros admirados ilustrados y las nuevas formas de “medios sociales” nos parezcan absurdas, pero mi punto es que nosotros, como los pensadores del 18, estamos ante un mundo de mucha promesa y de algunos peligros.  Los avances tecnológicos han creado un nuevo, y muchas veces emocionante, ambiente para nuestro estudio del 18, pero no sin sus problemas.  En su libro de 2011, The Googlization of Everything and Why We Should Worry (U California Press), Siva Vaidhyanathan nos precauciona sobre los riesgos para el futuro del conocimiento humano de una fe ciega en las compañías privadas como Google. Vaidhyanathan habla del impacto del inmenso proyecto de Google Books, y de como muchos lo han aceptado porque creen en “the potential of digital culture—when properly supported by a benevolent force such as Google—to transform, extend, and democratize knowledge” (152). Vaidhyanathan apunta todas las implicaciones, buenas y malas, del proyecto de Google Books, que no puedo desarrollar aquí.

Tengo que confesar que Google Books ha sido revolucionario en mi propio trabajo—textos que antes solo pude acceder con un viaje a España, ahora puedo ver desde mi despacho en Virginia.  Google ha participado con dos bibliotecas en España—la Complutense en Madrid (que tiene la segunda colección de libros en España, detrás de la Biblioteca Nacional), y la Biblioteca de Catalunya.  No hay ninguna biblioteca latinoamericana representada en su lista de 21 bibliotecas, que son principalmente de universidades estadounidenses, con algunas de Europa, y una en Japón. Pero Google no es la única compañía privada que ha digitalizado las colecciones de importantes bibliotecas. Gale con sus varias colecciones digitales impresionantes, ofrece suscripciones a sus colecciones de textos extraídos de la British Library,  Library of Congress,  National Archives, Harvard, Oxford y Yale.  Sin embargo, el precio de suscripción es altísimo, e imposible para una institución pequeña, o para un individuo, y aunque las colecciones tienen algunos textos de España y Latinoamérica, principalmente tiene textos en inglés.  En España hay varias otras colecciones digitales—notablemente gratis y abiertas a todos, como la Biblioteca Digital Hispánica y la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional, y la ya mencionada Biblioteca Virtual Cervantes (creada por la Universidad de Alicante). Estas colecciones en España fueron creadas con fondos públicos que ya casi no existen, y el futuro de ellas es inseguro, por lo menos.

Si al nivel institucional el futuro del avance de las humanidades está en duda, ¿hay algo que podemos, que debemos hacer nosotros como académicos para avanzar, para “enriquecer” los estudios del dieciocho en este mundo inestable, de presupuestos cada vez más pequeños, de recortes y aun eliminación de programas que antes apoyaban nuestro trabajo?  Para los especialistas en Gran Bretaña y Estados Unidos, hay grupos como Eighteenth Century Connect, que reúne varios proyectos digitales de universidades e individuos, y que está dedicado al acceso abierto y gratis.  Mi universidad, una pequeña institución pública de artes liberales, ha inaugurado una nueva iniciativa—UMW Domains. Hemos formado grupos de profesores para explorar  los desafíos y posibilidades de ser un académico “digital”, y algunos de nosotros nos hemos comprometido a cultivar nuestra participación profesional en los medios sociales.   El libro que nos ha guiado en nuestra exploración The Digital Scholar por Martin Weller (Bloomsbury Academic, 2011) describe un nuevo tipo de académico que es abierto, conectado, y colaborativo. Y son estas cualidades las que yo quiero cultivar en mi propio trabajo.  Actualmente estoy trabajando en un proyecto digital, una exhibición de textos e imágenes que traza la caridad femenina en España desde la Junta de Damas hasta la Sección femenina de la falange. Estoy compilando y organizando el material del proyecto con la ayuda de un “equipo” de alumnos subgraduados, que es una énfasis especial en mi institución. Una cosa que hemos hecho, en el contexto del 19, pero que creo que se podría repetir con textos semejantes en el siglo XVIII, es crear una base de datos catalogando los artículos publicados en la revista bisemanal La Voz de la Caridad de Concepción Arenal.  ¿No sería útil tener una base de datos del contenido del Memorial literario, por ejemplo, asequible en Google books, pero sin organización ninguna?

Los hombres y mujeres del siglo XVIII enfrentaron muchos desafíos y cambios, igual que nosotros, y aprovecharon las nuevas tecnologías con optimismo y fervor.  Es mi esperanza que hagamos lo mismo nosotros, y que seamos todos más abiertos, conectados y colaborativos para confrontar juntos los obstáculos que nos presentan hoy, para poder enriquecer nuestro trabajo colectivo en el futuro.

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